Bolivia ¿transición de la reforma a la revolución o construcción de un nuevo sentido común en democracia?


Autor: Mario Meza Bazán. Historiador[1]

El poder de un nuevo sujeto: el “nacionalismo plebeyo

El 2006 fue significativo en América Latina, 17 presidentes fueron elegidos o reelegidos. Tres conservadores y el resto entre el centro y la extrema izquierda. La elección de Barak Obama en Estados Unidos refuerza esta tendencia de centro izquierda en el sub continente En Latinoamérica los más destacados han sido Evo Morales y Rafael Correa, este último obtuvo una alta aprobación de su nueva constitución y en Bolivia ésta se definirá recién el 25 de enero del 2009. Morales, representante de una coalición de campesinos cocaleros del Chapare y campesinos comuneros pobres del altiplano quechua –aymará, han llevado al gobierno las experiencias de los reconstituidos movimientos sociales que emergieron tras la crisis del sindicalismo minero boliviano, con el ingrediente adicional de enganchar, bajo un vocabulario remozado de izquierdismo nacional y antiimperialista, demandas inmediatas como los habidos en El Alto contra el encarecimiento del agua (2000) y los que promovieron la nacionalización de los hidrocarburos. Hasta hoy la plataforma de gobierno ha sido amplia y ha ganado la simpatía de muchos sectores, dándole la oportunidad de realizar reformas tras la crisis del modelo neoliberal. Al mismo tiempo ha traído de retorno al nacionalismo plebeyo, sustituto del movimiento obrero sindical revolucionario, como actor central de los actuales cambios.[2]

La reactualización de estas reformas propone así nuevos entendimientos para resolver viejos problemas. Uno de ellos es el que se propone desde ciertos sectores del oriente boliviano (Santa Cruz y toda la región de la media luna), para frenar el creciente poder adquirido por el nuevo nacionalismo plebeyo. El respeto a las minorías de los orientales cambas, se ha convertido así en el centro de las diputas en la frágil estabilidad democrática que existe en ese país. Como bien dice el analista Cletus Gregor Barié “¿Cuánta revolución cabe en la democracia?” La palabra “revolución” resignificada hoy en el contexto de que no existen cambios reales profundos sin apoyo popular; apela ahora a conservar las formas democráticas para realizar reformas trascendentales y enfrentar así a sus opositores.

En este escenario el nuevo ingrediente izquierdista del “nacionalismo plebeyo” es construir frentes y movimientos sociales que respalden con soluciones prácticas las necesidades inmediatas de la población. Deja de lado las utopías “socialistas” y “comunistas” y las reemplaza con una dimensión moral inobjetable: la justicia social. En palabras del vicepresidente boliviano,  Alvaro García Linera, intelectual político de pasado guerrillerista, la finalidad de este gobierno es reafirmar el derecho de los subalternos para buscar, a través de la solución de sus propias necesidades, la modernidad.[3] No sorprende en este contexto la apuesta del “nacionalismo plebeyo” por el capitalismo, o en todo caso por una variante de acumulación privada del capital que aspire a incorporar a todos los bolivianos, equitativamente, en un nuevo modelo económico de capitalismo y una nueva constitución política de país. El “evismo” se ha propuesto como meta reformar a la nación, en los términos de un capitalismo popular, sin quitarle dignidad al país.  

La autonomía de la media luna y el desafío de la imaginación en el poder

Los desafíos de estos cambios vienen a plasmarse en una constitución que plantea cuestiones que redibujarán el perfil del país andino en Sudamérica. El primero es dar por terminado el periodo “neoliberal” iniciado en 1986 con los grandes ajustes estructurales, sostenido a su vez por una democracia de coaliciones partidarias desvinculadas de los sectores golpeados por la crisis y situados en los puestos claves de poder político, y enfrentado a la movilización masiva popular dispuesta a resistirla. En segundo lugar, y habiendo cambiado el escenario de poder, se ha puesto en debate la posibilidad de vislumbrar en un mismo proyecto de desarrollo el crecimiento sostenido del país frente a una opción que igualmente busca crecer pero solo para unas cuantos archipiélagos sociales. En tercer lugar, se plantea superar dentro de este nuevo esquema las fragmentaciones históricas, geográficas y culturales tejidas especialmente desde la mitad del siglo XX y han definido la fragmentación del país con las denominadas naciones y territorios étnicos. Superar la vieja divisoria regional o el centralismo altiplánico frente al descentralismo amazónico, es un reto para el gobierno que debe contrarrestar las contradicciones nacionales interétnicas que hoy se presentan como naciones collas (alto andinos) enfrentadas a los cambas (amazónicos). En el fondo se plantea el destino mismo de Bolivia como nación y su desafío es si se este gobierno podrá reunificar al país fuera de los prejuicios y temores que la han gobernado desde su nacimiento. La modificación de los términos de distribución del poder a favor de los primeros ha agudizado sin embargo las contradicciones irreductibles que se han acentuado más con el referendo revocatorio de autoridades hace pocos meses.

Los principales analistas coinciden en puntualizar que el núcleo esencial de los conflictos entre el centralismo colla y la autonomía camba es cómo la reforma agraria jugará para el éxito y la estabilidad del régimen.  El extendido temor de los autonomistas al régimen “plebeyo” tendría así un carácter más de clase que étnico y reubica al mismo tiempo un factor real de poder que las elites secesionistas no esperaban: el éxito del gobierno para nacionalizar los recursos energéticos de las empresas trasnacionales, extractoras y exportadoras de gas, no originó la tan anunciada fuga de capitales, sino más bien tendió a fortalecer la popularidad del evismo al lograr aumentar eficazmente los ingresos de impuestos sobre explotación de hidro energéticos, yendo de  50 a82% y subiendo de 250 millones de dólares anuales en tiempos de Sánchez de Losada a 1261 millones de dólares para el año 2006, con probables proyecciones que alcanzarían 4 mil millones de dólares en el 2010).[4] Esto ha puesto en vilo la percepción de que el gobierno boliviano es un régimen aislado del capital transnacional y a punto de caerse. En este panorama el problema de la reforma agraria para estas elites se vuelve más complicado en la medida que no aísla al gobierno del continente y de los capitales trasnacionales.

La salida constitucional y la formulación de un nuevo sentido común 

Las dificultades de Morales en el gobierno evidencia sin embargo las enormes resistencias que suscitó el triunfo del MAS en Bolivia. Enterrados los partidos tradicionales al calor de las movilizaciones populares entre el 2000 y el 2006 y con la salida consecutiva de varios presidentes, son las regiones autonomistas las que han preferido construir su propio proyecto de crecimiento fuera del modelo centralista boliviano, marginándose del liderazgo para la integración nacional de sus compatriotas del oeste altiplánico, evidenciando tal como lo dijera el sociólogo René Zavaleta, tener menos voluntad para constituirse en una clase nacional conformándose a reducir la escala de sus proyectos a solo la fracción más moderna y blanca del país.[5]

El desafío de conducir la modernización plurinacional, comunitario, autónomo y descentralizado ha sido recogido por el MAS y el régimen de Morales. La constitución política no obstante sus obstáculos y defectos, tiene como meta sortear estas dificultades y construir lo que García Linera llama un “capitalismo andino”. Si esto es así la revolución que se cocinaría en democracia otorgaría, pese a sus defectos, un espacio mínimo para reconstruir un proceso coherente de desarrollo, que garantice a la larga la construcción de una cultura democrática con potenciales liberadores que supere al mismo tiempo el “empate catastrófico” en el que se halla sumido frente al proceso autonomista. Por el momento el apoyo de las naciones sudamericanas del UNASUR le ha dado ese respiro y ha fortalecido los engranajes externos de legitimidad con los engranajes de los movimientos sociales. Ambos le dan una coherencia y extensión a la voluntad de construir un nuevo sentido común de democracia y de capitalismo, distinto al que se cocina en el modelo venezolano de Hugo Chávez[6]    

 

Bibliografía

 

(Todos disponibles en Internet)

Barié, Cletus Gregor

2007    “Bolivia: ¿Cuánta  revolución cabe en la democracia?” Fundación para las relaciones internacionales y el diálogo exterior (FRIDE). Madrid, marzo. Pp. 1-14.

 

Torrico Terán, Mario

s/f        “Las reformas del gobierno de Evo Morales”. Documentos de Trabajo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Mexico.         

García Linera, Álvaro

2008   “Empate catastrófico y punto de bifurcación” Crítica y Emancipación. nº 1, junio. Pp. 23 – 33.

Ramirez Gallegos, Franklin y Stefanoni, Pablo

2006   “La política de los movimientos sociales en Bolivia. Dialogo con Álvaro García Linera” Íconos. Revista de Ciencias Sociales. Nº 25. Quito, mayo. Pp. 91- 107.   

Stefanoni, Pablo

2007         “Siete preguntas y siete respuestas sobre la Boliviade Evo Morales” Nueva Sociedad nº 209, mayo- junio. Pp. 46 – 65.     

2003    MAS-IPSP: la emergencia del nacionalismo plebeyo. Análisis. OSAL. Año 4, nº 12, septiembre – octubre. Pp. 57-68.


[1] Publicado originalmente en la revista Énfasis. Revista de Reflexión y Debates N° 3 – Enero del 2009. Pp. 30 – 33.

[2] El término está tomado del economista argentino Pablo Stefanoni a quién sigo en sus definiciones sociológicas.

[3] “La política de los movimientos sociales en Bolivia. Diálogo con Álvaro García Linera” pp. 106- 107

[4] Datos tomados de Cletuis Gregor Barié ¿Cuánta revolución cabe en democracia? P. 3

[5] En Bolivia solo el 7% de propietarios rurales  tienen acceso a capital y tecnología, y concentran el 93% de la tierra, especialmente en la zona oriental. El 93% de propietarios de tierras, pequeños campesinos, explotan sus tierras de modo intensivo, es decir, auto empleados o en condiciones de atraso tecnológico. Citado por Cletos Gregor Barié ¿Cuánta revolución cabe en democracia? P. 9.     

[6] El sociólogo Alain Touraine dijo hace dos años en Página 12 de Buenos Aires que “el futuro político del continente depende  hoy ante todo de las oportunidades de Bolivia de construir y hacer realidad un modelo de transformación social y, al mismo tiempo, ganar independencia respecto a la retórica de Chávez” Citado por Cletus Gregor Barié p, 2.

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