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¿De qué trata su libro? Mario Meza Bazán


Mario Meza nos presenta su última publicación Justicia y poder en tiempos de violencia. Orden, seguridad y autoridad en el Perú, 1970-2000, PUCP 2013. (Tomado de El Reportero de la Historia)

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César Hildebrandt: “Humala se ha resignado a gerentear el Perú”


Las decepciones son mayores cuando las esperanzas son más intensas. A pesar de que la segunda vuelta obligaba a Ollanta Humala a la moderación y a la búsqueda de consensos, era obvio que quienes votaron por él conservaron la expectativa de que un gobierno suyo iba a traer algunos cambios cualitativos. De eso se trataba, precisamente, la pelea política y moral con Keiko Fujimori.

Esa esperanza de cambios ha terminado.

En un proceso semejante a la progeria, esa enfermedad que envejece a los niños a la velocidad del infortunio, Humala se ha resignado a gerentear el Perú.

El poder económico ha hecho con él lo que logró hacer con casi todos: ensillarlos, adobarlos, engullirlos. Al empresario salitrero Billinghurst no lo pudieron convertir en sirviente y por eso le dieron un golpe de Estado. Al general Velasco no lo pudieron asustar y por eso lo han convertido en el demonio temido al que hay que seguir aporreando desde sus medios de comunicación.

Todos los demás entraron al redil.

Húmala acaba de hacerlo a paso redoblado.

La declaratoria del estado de emergencia cuando se estaba a punto de llegar a un acuerdo no sólo dejó mal parado a Salomón Lerner sino que fue un mensaje hacia el futuro: los acuerdos son peligrosos cuando uno no está dispuesto a cumplirlos, mejor es militarizar “las ciudades alzadas”.

Cajamarca no es una villa levantisca. Cajamarca está harta de esa minería avariciosa que todo lo enmugra con sus ácidos, sus humos ponzoñosos, su dinástica mierda.

Cajamarca no está contra la minería que respeta y concede. Está en contra de ese antro aurífero, colonialmente prepotente, llamado Yanacocha.

Ahora Cajamarca es una ciudad tomada “por las fuerzas del orden”.

¿De qué orden?

Del orden tal como lo entiende la derecha pre Gutenberg peruana. Es decir, palo y bala si es necesario con tal de que nadie se oponga a nuestro destino de vendedores de rocas molidas. Y palo y bala para los que osen enfrentarse a 200 años de desprecio.

Húmala es nuestro nuevo Zelig. Habla como Sánchez Cerro, actúa como Alan García, decide como lo hubiera hecho Luis Bedoya. Ya ni siquiera disimula, lo cual, en efecto, es un mérito. Caída la máscara del reformador, apagadas las luces del centrista, Húmala marcha a paso ligero a ser el albacea del modelo que aquí impuso una banda de delincuentes cuyo cabecilla tiene una sentencia de 25 años por delitos de lesa humanidad. Que Húmala se prepare para otros Cajamarcas. Si cree que va a intimidar actuando como un matón que ordena detener durante diez horas, sin mandato judicial alguno, a dirigentes que salían de una cita en el Congreso, se equivoca.

Si cree que invirtiendo 500 millones de soles en infraestructura (mientras congela, irregularmente, las finanzas del gobierno regional) va a comprar a Cajamarca, se equivoca dos veces.

Y si cree que los aplausos de la derecha y su plebe amaestrada suponen un veredicto popular, se equivoca tres veces.

Saldrá este fin de semana una encuesta que dirá que su popularidad ha aumentado, señor Húmala. No se la crea. Detrás de esas cifras está la verdad. La rabia polvorienta de los pueblos que se sienten fuera de toda inclusión política no la miden las encuestas, que a Fujimori también le sonreían.

No les crea, señor Húmala, a los incondicionales que le dicen que usted ha recuperado la autoridad. Eso le decía El Comercio a Sánchez Cerro cuando mandaba bombardear Trujillo, y a Odría, cuando mandaba matar a Negreiros. La historia del Perú está plagada de ovaciones siniestras venidas desde los palcos. Los éxitos “del orden” siempre serán provisorios cuando la meta no es hacer justicia sino durar, congraciarse con los inversionistas mineros, ser plausible para los de siempre.

Era justo borrar a Conga de la cartera de proyectos mineros. No sólo porque es incompatible con la agricultura y la conservación de recursos hídricos de la zona sino porque su Estudio de Impacto Ambiental era, como lo demostró el ex viceministro José de Echave, maliciosamente incompleto. Y porque, además, Conga es hija de Yanacocha, una empresa que ha hecho todo lo posible para que los cajamarquinos la odien y le teman.

Ahora usted repite a Alan García con eso de que el suelo es privado pero el subsuelo es del Estado. Es un argumento tan indigno, intelectualmente tan mísero, que debería avergonzar a quien lo esgrima.

Vayamos al absurdo: ¿Y si mañana unos exploradores chinos o canadienses descubren, en las proximidades de Machu Picchu, un millón de toneladas de oro y varios trillones de metros cúbicos de gas? ¿Nos deshacemos de la zona de amortiguamiento de Machu Picchu? ¿Ponemos en peligro esa maravilla? No, ¿verdad?

Machu Picchu, al fín y al cabo, es el testimonio de una civilización que tuvo una relación amistosa con el medio ambiente. ¿Y por qué el pasado, por más majestuoso que sea, puede resultar más respetable que los límpidos presentes de una región que vive hace siglos de producir cosas fragantes que se comen?

Para llegar al subsuelo hay que perforar los suelos, abatir las propiedades, cambiar los paisajes, matar aguas. Decirle a Cajamarca que el suelo es suyo pero el subsuelo es “nuestro”, es decirle que el suelo no es suyo y que está expuesto a la voracidad minera y a la complicidad del Estado con los poderes fácticos.

Somos una república unitaria, pero no somos una dictadura unitarista. Somos un país, no un cuartel. Y usted prometió (tengo las grabaciones respectivas) aguas y lagunas conservadas para Cajamarca, un nuevo país para los que han esperado tanto, cambios y reformas en los contratos de inversión que, tomando como base el interés público, así lo requirieran.

Presidente Húmala: no crea que es usted muy original. Tiene usted una ascendencia histórica abundante, aquí y en América Latina.

Y a usted, que ahora profesa tan auténtica amistad por Chile, le contaré brevemente la historia de Gabriel González Videla, un probable clon suyo que gobernó a nuestro amable vecino del sur.

González Videla llegó al poder en Chile en 1946. Logró eso porque contó con el apoyo de un frente popular que incluía al poderoso Partido Comunista de Chile. Y obtuvo el respaldo de ese frente, que incluía al Partido Radical, porque prometió un Chile nuevo y más justo.

Pues bien, la presión de los conservadores, las amenazas de Washington (un diálogo con Truman fue decisivo), la falsedad o endeblez de sus convicciones empujaron a González Videla a reprimir salvajemente las huelgas de mineros que reclamaban mejores salarios y a quienes él, precisamente, había prometido nuevas perspectivas y trato más digno. De inmediato, dictó la famosa Ley de Defensa Permanente de la Democracia, declaró al Partido Comunista ilegal, censuró las publicaciones de izquierda y convocó a conservadores y liberales a integrar un gabinete que se llamó “de concentración nacional”. Pablo Neruda, que en ese entonces era senador por el Partido Comunista, fue perseguido, vivió durante meses en la clandestinidad y, al final, penosamente, por tierra, pudo salir en secreto de Chile.

En su Canto General, Neruda escribió estas líneas bajo el título “González Videla”: “…En Chile no preguntan, los puños hacia el viento, los ojos en las minas se dirigen a un punto, a un vicioso traidor que con ellos lloraba, cuando pidió sus votos para trepar al trono… A mi pueblo arrancó su esperanza, sonriendo, la vendió en las tinieblas a su mejor postor, y en vez de casas frescas y libertad lo hirieron, lo apalearon en la garganta de la mina, le dictaron salario detras de una cureña, mientras una tertulia gobernaba bailando con dientes afilados de caimanes nocturnos”. En el Perú no tenemos, fatalmente, a un Neruda. Pero quizá hemos empezado a tener a un González Videla.

Alguien que pierde los ideales, un gobierno que abandona su esencia, un horizonte de bala y pragmatismo, la política hecha medición de PBI y aplauso de las agencias de calificación de riesgo, ¿qué son, qué galaxia de sentido forman? El fenómeno tiene un nombre: es la derrota de la inteligencia y el triunfo de la administración.

Fuente: http://lamula.pe/2011/12/11/cesar-hildebrandt-humala-se-ha-resignado-a-gerentear-el-peru/claudiapollo

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La Cruzada por un derecho. Pioneras del conocimiento.


Mujeres universitarias en Variedades n°111, marzo 2009, p. 10.

Escribe Susana Mendoza Sheen

De VARIEDADES • Lunes 2 de marzo de 2009 pp. 10-11.

 

Mujeres universitarias en Variedades n° 111, marzo 2009. p. 11.

Hace cien años el Estado reconoció a la mujer su derecho a acceder a la universidad. Próximos a conmemorar el Día Internacional de la Mujer, recordamos la lucha y esfuerzo que ellas libraron por alcanzar ese objetivo.

Trinidad María Henríquez tuvo que dejar su Cusco natal para convencer a los padres de la patria que era abogada, la primera del Perú y una de las mujeres más ilustradas de su época.

Era el siglo XIX, y las mujeres que acudían a la universidad lo hacían porque les apasionaba el conocimiento y la ciencia. Y sobre todo porque sus familias eran adineradas y no se oponían a lo que ellas decidían. 

Antes que se promulgara la norma que formalizó el ingreso de las mujeres a los claustros universitarios, en 1908, muchas de ellas buscaron la formación académica para desarrollar su intelecto. Lo increíble, cuenta la joven historiadora sanmarquina, Odalis Valladares, es que sus familias tenían que costearles sus estudios de preparación, porque entonces las mujeres sólo podían acceder a la educación primaria. Alcanzar la formación secundaria, significó que los padres o tutores de las jóvenes emprendedoras contrataran los servicios privados de profesores provenientes de ilustrados colegios para varones.

Para confirmar el nivel educativo que alcanzaban, rendían un examen en el Colegio Guadalupe, creado en 1840; si lo aprobaban, las puertas de la universidad se abría para ellas.La familia de Trinidad María Henríquez lo entendió así. Hija de hacendados cusqueños que apoyaron sus ímpetus intelectuales y afanes de justicia, eligió estudiar la carrera de derecho y jurisprudencia, pero entonces era negada a las mujeres porque a causa de no tener derecho al voto  y no ser, por tanto, considerada ciudadana no podían ejercer la profesión de abogado. Por esa razón, aquellas que decidieron realizar estudios universitarios, cuenta Valladares, se ubicaron en su mayoría en las áreas de medicina y ciencias de la salud.

 INVESTIGACIÓN

 En la investigación que presentó en el Coloquio  Mujeres y Universidad que organizó el Programa de Estudios de Género de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para conmemorar los cien años de vida universitaria femenina, Odalis Valladares, sostiene que aquella elección, respondía al hecho de que ellas debían estar a cargo del cuidado de la salud de la familia y porque estaban llamadas a proteger la higiene de su hogar y la comunidad.

 En 1860, muchas obstetrices egresaron de la escuela sanmarquina que las formó con el título de matronas y a nombre de la universidad, pero sin ningún estatus científico. Margarita Práxedes Muñoz fue la primera bachiller en ciencias, y se graduó en 1889, con la investigación “La unidad de la materia y la identidad sustancial de los reinos inorgánicos y orgánicos”.

 Mientras que Laura Esther Rodríguez, la primera médico, lo hizo en 1899 con su tesis “El empleo del Ictiol en las inflamaciones pélvicas”. Lo que le ocurrió a Trinidad María Henríquez fue más que trágico porque llegó a Lima un poco antes que Chile nos declarara la guerra, y el Congreso de la República no debatió lo suficiente su situación.

 “Los argumentos que esgrimieron en contra para que Henríquez no ejerciera la profesión fueron medievales; usaron las denominadas siete partidas coloniales, preceptos imposibles de aplicar en el siglo XIX para dictaminar sobre un hecho que ocurría en un Estado moderno y republicano”, explica Valladares. Cerraron el Congreso por la Guerra del Pacífico, y Trinidad María no pudo hacer nada. Para cuando se aprobó la ley en 1908, ella ya había muerto con el deseo ardiente de ejercer la jurisprudencia.

 OTRAS UNIVERSITARIAS

 En la segunda mitad del siglo XIX aparecieron mujeres ilustradas como Mercedes Cabello de Carbonera o Clorinda Matto de Turner, que a través de las veladas literarias que organizaron o participaron convocaron a los intelectuales y dirigentes de la Lima de entonces y platicaban abiertamente sobre la realidad nacional.

 Estas librepensadoras motivarían, seguramente, los inquietos anhelos de mujeres jóvenes que veían en la educación una alternativa de crecimiento y autonomía. La facultad de letras de San Marcos fue el espacio que acopió estos espíritus libres. María Jesús Alvarado ó María Esther Festini fueron algunas de ellas.

 Estas señoritas veinteañeras, como cuenta Valladares, se graduaron de pedagogas y abrieron sus liceos, y crearon estos espacios de formación para mujeres. Conocido fue el Liceo Grau que dirigió la Festini, como el que estuvo a cargo de María Jesús.

 Imaginar lo que significó para estas mujeres ingresar al espacio del conocimiento y el saber sólo ocupado por los hombres, nos encoge el ombligo y escarapela la piel. Una mezcla de valentía y locura puede explicar esta sinrazón femenina. Pero gracias a ellas, con sus luchas personales,se amplió nuestro espacio público. Lo que hizo “la ilustrada de los Andes”, como se le conoció a Trinidad María Henriquez, no fue un hecho heroico aislado, fue el comienzo de lo que generaciones después emprendieron, con menos dolor pero igual esfuerzo, por lograr su autonomía.

SIGLO XX CAMBALACHE
 
 No se produjo un gran debate para aprobar la ley que aceptó formalmente la presencia de la mujer en la universidad.
 A diferencia del que protagonizaron los congresistas chilenos en el siglo XIX, cuyo debate lo zanjaron antes que nos declararan la guerra. En el Perú, en 1908 los padres de la patria discutieron sobre la conveniencia o no de oficializar la presencia de las mujeres en los claustros universitarios.
 Para unos no era necesario hacer ningún  esfuerzo legal para ratificar su presencia, para otros en cambio era importante tener claro su acceso a la graduación en todas las carreras. Con este argumento se aprobó la ley por unanimidad. En Colombia la discusión fue en 1930.

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Bolivia ¿transición de la reforma a la revolución o construcción de un nuevo sentido común en democracia?


Autor: Mario Meza Bazán. Historiador[1]

El poder de un nuevo sujeto: el “nacionalismo plebeyo

El 2006 fue significativo en América Latina, 17 presidentes fueron elegidos o reelegidos. Tres conservadores y el resto entre el centro y la extrema izquierda. La elección de Barak Obama en Estados Unidos refuerza esta tendencia de centro izquierda en el sub continente En Latinoamérica los más destacados han sido Evo Morales y Rafael Correa, este último obtuvo una alta aprobación de su nueva constitución y en Bolivia ésta se definirá recién el 25 de enero del 2009. Morales, representante de una coalición de campesinos cocaleros del Chapare y campesinos comuneros pobres del altiplano quechua –aymará, han llevado al gobierno las experiencias de los reconstituidos movimientos sociales que emergieron tras la crisis del sindicalismo minero boliviano, con el ingrediente adicional de enganchar, bajo un vocabulario remozado de izquierdismo nacional y antiimperialista, demandas inmediatas como los habidos en El Alto contra el encarecimiento del agua (2000) y los que promovieron la nacionalización de los hidrocarburos. Hasta hoy la plataforma de gobierno ha sido amplia y ha ganado la simpatía de muchos sectores, dándole la oportunidad de realizar reformas tras la crisis del modelo neoliberal. Al mismo tiempo ha traído de retorno al nacionalismo plebeyo, sustituto del movimiento obrero sindical revolucionario, como actor central de los actuales cambios.[2]

La reactualización de estas reformas propone así nuevos entendimientos para resolver viejos problemas. Uno de ellos es el que se propone desde ciertos sectores del oriente boliviano (Santa Cruz y toda la región de la media luna), para frenar el creciente poder adquirido por el nuevo nacionalismo plebeyo. El respeto a las minorías de los orientales cambas, se ha convertido así en el centro de las diputas en la frágil estabilidad democrática que existe en ese país. Como bien dice el analista Cletus Gregor Barié “¿Cuánta revolución cabe en la democracia?” La palabra “revolución” resignificada hoy en el contexto de que no existen cambios reales profundos sin apoyo popular; apela ahora a conservar las formas democráticas para realizar reformas trascendentales y enfrentar así a sus opositores.

En este escenario el nuevo ingrediente izquierdista del “nacionalismo plebeyo” es construir frentes y movimientos sociales que respalden con soluciones prácticas las necesidades inmediatas de la población. Deja de lado las utopías “socialistas” y “comunistas” y las reemplaza con una dimensión moral inobjetable: la justicia social. En palabras del vicepresidente boliviano,  Alvaro García Linera, intelectual político de pasado guerrillerista, la finalidad de este gobierno es reafirmar el derecho de los subalternos para buscar, a través de la solución de sus propias necesidades, la modernidad.[3] No sorprende en este contexto la apuesta del “nacionalismo plebeyo” por el capitalismo, o en todo caso por una variante de acumulación privada del capital que aspire a incorporar a todos los bolivianos, equitativamente, en un nuevo modelo económico de capitalismo y una nueva constitución política de país. El “evismo” se ha propuesto como meta reformar a la nación, en los términos de un capitalismo popular, sin quitarle dignidad al país.  

La autonomía de la media luna y el desafío de la imaginación en el poder

Los desafíos de estos cambios vienen a plasmarse en una constitución que plantea cuestiones que redibujarán el perfil del país andino en Sudamérica. El primero es dar por terminado el periodo “neoliberal” iniciado en 1986 con los grandes ajustes estructurales, sostenido a su vez por una democracia de coaliciones partidarias desvinculadas de los sectores golpeados por la crisis y situados en los puestos claves de poder político, y enfrentado a la movilización masiva popular dispuesta a resistirla. En segundo lugar, y habiendo cambiado el escenario de poder, se ha puesto en debate la posibilidad de vislumbrar en un mismo proyecto de desarrollo el crecimiento sostenido del país frente a una opción que igualmente busca crecer pero solo para unas cuantos archipiélagos sociales. En tercer lugar, se plantea superar dentro de este nuevo esquema las fragmentaciones históricas, geográficas y culturales tejidas especialmente desde la mitad del siglo XX y han definido la fragmentación del país con las denominadas naciones y territorios étnicos. Superar la vieja divisoria regional o el centralismo altiplánico frente al descentralismo amazónico, es un reto para el gobierno que debe contrarrestar las contradicciones nacionales interétnicas que hoy se presentan como naciones collas (alto andinos) enfrentadas a los cambas (amazónicos). En el fondo se plantea el destino mismo de Bolivia como nación y su desafío es si se este gobierno podrá reunificar al país fuera de los prejuicios y temores que la han gobernado desde su nacimiento. La modificación de los términos de distribución del poder a favor de los primeros ha agudizado sin embargo las contradicciones irreductibles que se han acentuado más con el referendo revocatorio de autoridades hace pocos meses.

Los principales analistas coinciden en puntualizar que el núcleo esencial de los conflictos entre el centralismo colla y la autonomía camba es cómo la reforma agraria jugará para el éxito y la estabilidad del régimen.  El extendido temor de los autonomistas al régimen “plebeyo” tendría así un carácter más de clase que étnico y reubica al mismo tiempo un factor real de poder que las elites secesionistas no esperaban: el éxito del gobierno para nacionalizar los recursos energéticos de las empresas trasnacionales, extractoras y exportadoras de gas, no originó la tan anunciada fuga de capitales, sino más bien tendió a fortalecer la popularidad del evismo al lograr aumentar eficazmente los ingresos de impuestos sobre explotación de hidro energéticos, yendo de  50 a82% y subiendo de 250 millones de dólares anuales en tiempos de Sánchez de Losada a 1261 millones de dólares para el año 2006, con probables proyecciones que alcanzarían 4 mil millones de dólares en el 2010).[4] Esto ha puesto en vilo la percepción de que el gobierno boliviano es un régimen aislado del capital transnacional y a punto de caerse. En este panorama el problema de la reforma agraria para estas elites se vuelve más complicado en la medida que no aísla al gobierno del continente y de los capitales trasnacionales.

La salida constitucional y la formulación de un nuevo sentido común 

Las dificultades de Morales en el gobierno evidencia sin embargo las enormes resistencias que suscitó el triunfo del MAS en Bolivia. Enterrados los partidos tradicionales al calor de las movilizaciones populares entre el 2000 y el 2006 y con la salida consecutiva de varios presidentes, son las regiones autonomistas las que han preferido construir su propio proyecto de crecimiento fuera del modelo centralista boliviano, marginándose del liderazgo para la integración nacional de sus compatriotas del oeste altiplánico, evidenciando tal como lo dijera el sociólogo René Zavaleta, tener menos voluntad para constituirse en una clase nacional conformándose a reducir la escala de sus proyectos a solo la fracción más moderna y blanca del país.[5]

El desafío de conducir la modernización plurinacional, comunitario, autónomo y descentralizado ha sido recogido por el MAS y el régimen de Morales. La constitución política no obstante sus obstáculos y defectos, tiene como meta sortear estas dificultades y construir lo que García Linera llama un “capitalismo andino”. Si esto es así la revolución que se cocinaría en democracia otorgaría, pese a sus defectos, un espacio mínimo para reconstruir un proceso coherente de desarrollo, que garantice a la larga la construcción de una cultura democrática con potenciales liberadores que supere al mismo tiempo el “empate catastrófico” en el que se halla sumido frente al proceso autonomista. Por el momento el apoyo de las naciones sudamericanas del UNASUR le ha dado ese respiro y ha fortalecido los engranajes externos de legitimidad con los engranajes de los movimientos sociales. Ambos le dan una coherencia y extensión a la voluntad de construir un nuevo sentido común de democracia y de capitalismo, distinto al que se cocina en el modelo venezolano de Hugo Chávez[6]    

 

Bibliografía

 

(Todos disponibles en Internet)

Barié, Cletus Gregor

2007    “Bolivia: ¿Cuánta  revolución cabe en la democracia?” Fundación para las relaciones internacionales y el diálogo exterior (FRIDE). Madrid, marzo. Pp. 1-14.

 

Torrico Terán, Mario

s/f        “Las reformas del gobierno de Evo Morales”. Documentos de Trabajo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Mexico.         

García Linera, Álvaro

2008   “Empate catastrófico y punto de bifurcación” Crítica y Emancipación. nº 1, junio. Pp. 23 – 33.

Ramirez Gallegos, Franklin y Stefanoni, Pablo

2006   “La política de los movimientos sociales en Bolivia. Dialogo con Álvaro García Linera” Íconos. Revista de Ciencias Sociales. Nº 25. Quito, mayo. Pp. 91- 107.   

Stefanoni, Pablo

2007         “Siete preguntas y siete respuestas sobre la Boliviade Evo Morales” Nueva Sociedad nº 209, mayo- junio. Pp. 46 – 65.     

2003    MAS-IPSP: la emergencia del nacionalismo plebeyo. Análisis. OSAL. Año 4, nº 12, septiembre – octubre. Pp. 57-68.


[1] Publicado originalmente en la revista Énfasis. Revista de Reflexión y Debates N° 3 – Enero del 2009. Pp. 30 – 33.

[2] El término está tomado del economista argentino Pablo Stefanoni a quién sigo en sus definiciones sociológicas.

[3] “La política de los movimientos sociales en Bolivia. Diálogo con Álvaro García Linera” pp. 106- 107

[4] Datos tomados de Cletuis Gregor Barié ¿Cuánta revolución cabe en democracia? P. 3

[5] En Bolivia solo el 7% de propietarios rurales  tienen acceso a capital y tecnología, y concentran el 93% de la tierra, especialmente en la zona oriental. El 93% de propietarios de tierras, pequeños campesinos, explotan sus tierras de modo intensivo, es decir, auto empleados o en condiciones de atraso tecnológico. Citado por Cletos Gregor Barié ¿Cuánta revolución cabe en democracia? P. 9.     

[6] El sociólogo Alain Touraine dijo hace dos años en Página 12 de Buenos Aires que “el futuro político del continente depende  hoy ante todo de las oportunidades de Bolivia de construir y hacer realidad un modelo de transformación social y, al mismo tiempo, ganar independencia respecto a la retórica de Chávez” Citado por Cletus Gregor Barié p, 2.

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OLLANTA HUMALA HA VENCIDO


Por: Mario Meza Bazán

En las elecciones presidenciales del 2006 voté en segunda vuelta viciado. Los dos candidatos en competencia: Alan García del partido Aprista y  Ollanta Humala de Unión por el Perú no me convencían en absoluto de la posibilidad de que hubiese un gran giro en la política interna peruana dominante en el país desde la asunción de Alejandro Toledo en el 2001. Esta sensación de continuidad, a pesar que Humala aparecía demonizado como un bolchevique andino, no me impresionaba en absoluto. Mi desencanto por lo que pudo hacer el toledismo y que no hizo, que era esencialmente construir una nación menos inequitativa y más integrada, y la ventaja del sosiego de haber estado viviendo en el extranjero desde hacía medio año antes del inicio de las campañas presidenciales, me alejaban de los avatares de una lucha electoral que alcanzó su cumbre entre los meses de enero hasta junio. García apareció como un mesías socialdemócrata de última hora al que la derecha apostaba con nariz, ojos y oídos cerrados como el mal menor que podía taponear a un Humala, el gran cuco que avaló mejor esa imagen con su asistencia a una de los febriles discursos de Hugo Chávez que para mayor escarnio de su poca inteligencia, se puso a cantar el himno nacional peruano creyendo que era el  himno nacional boliviano.

La victoria de Alan y su mediocre gobierno pro empresarial de este periodo que ya concluye, confirmó además mi sospecha que García había exhibido en su primer gobierno, que podía desvestirse de una ideología y un pensamiento económico originalmente reformista para revestirse con el pensamiento y la ideología más conservadora, todo con tal de satisfacer su ego de poder basado en cortesanos de turno. La derrota de Ollanta me hizo pensar en cambio en las amplias corrientes de descontento y disconformidad que emergían ante la primera oportunidad para quitarse de encima el desagravio que le infligían grupos minoritarios de poder. La derrota de Ollanta en la segunda vuelta del 2006 resultó a todas vistas entonces positiva y yo no lo percibí hasta mi regreso al país en el 2007: demarcó con claridad la lealtad de sus seguidores de los oportunistas que lo traicionaron y lo abandonaron por un mendrugo en el congreso; llevó a un sector de la izquierda (con quiénes no me une vínculos de ningún tipo) a aceptar que Ollanta era el caudillo–quizá el único- capaz de conducirlos en un país fragmentado y contradictorio pero unido por el descontento y la aspiración de un cambio; lo obligó a construir un movimiento político más coherente y atraer en su entorno a figuras políticas e intelectuales consistentes con la propuesta de cambio que lo convirtieran en una auténtica propuesta de cambio con democracia; y, comprendió finalmente, que tenía que construir sobre la base de un sentimiento nacionalista y popular que siempre reivindicó, que el momento de la rabia con el que emergió debía dar paso a la real politik que lo apartara de Hugo Chávez y lo acercara más al Brasil de Lula da Silva, con el rescate de elementos de un desarrollo del mercado, el fortalecimiento de un Estado “sin soroche” y con un compromiso fundamental con la democracia. Los resultados de esta apuesta  están a la vista: su apuesta nacionalista y popular por el cambio se ha conservado; la lealtad de su movimiento se ha fortalecido y su liderazgo se ha acrecentado; la atracción a su entorno pudo convocar figuras más allá de los intelectuales y políticos al punto de atraer al Nobel de Literatura y al ex presidente más democrático de los últimos veinte años.

 

Hoy, Ollanta Humala ya es el presidente 101 del Perú, el primer presidente de la izquierda peruana y uno de los pocos políticos de profesión militar electos como presidente en el país. El desafío que se le presenta es enorme, quizá el mayor desafío es el cumplimiento de la lluvia de ofertas electorales al que se lanzó en medio de una frenética campaña enlodada por la oposición y la agresión de los grandes capitales nacionales y extranjeros, con  la conservación de sus idearios originales. Personalmente me gustó más la propuesta original de la Gran Transformación, que como su nombre lo indica, intentaba ser el sentimiento de cambio por el que un importante tercio del país votamos. Las necesidades de la campaña y de la atracción de los votos de aquellos que no querían a la candidata de la mafia pero también de quiénes que no querían importantes sobresaltos al país, recortaron ese filo redistribuidor e industrializador del crecimiento con equidad. La imposición de agendas de consenso y el respeto de la espurea Constitución de 1993 (si aquella que ganó con un 51% de los votos válidos), es la consecuencia más relevante de esta centrización del candidato Humala. ¿Las banderas del cambio se mantendrán con estas agendas concertadoras y esta constitución? No lo sé, el cambio es esencialmente un sentimiento de esperanza y Ollanta es la personificación de esa esperanza. La política es la única que puede hacer posible en la realidad ese sentimiento y el presidente Humala  debe hacer política desde los más altos hasta los más bajos niveles de la gestión pública. Los escenarios regionales siguen crispados por siglos de inequidad y de injusticia y los partidos tradicionales que han gobernado el país, no han dejado un ambiente de paz y de honestidad para sosegarlo. Tendrá que empezar de cero, peor aún, con el marcador en contra por la violencia y la crispación. La democracia dependerá de él y de la paciencia y la vigilancia de los peruanos. Las únicas tareas que caben en este contexto serán aquellas que solo la democracia le permitan, aunque afecte a los grandes intereses empresariales y de la sociedad que los representan.

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Dos teatros chinos perdidos en la Lima del siglo XIX


            La inserción de las artes escénicas orientales en los espectáculos públicos del Perú del siglo XIX ha pasado casi desapercibida. A excepción de Rafael Hernández (1) y Fanni Muñoz, (2) los estudios sobre el teatro chino en Lima, nos descubren el rol de una actividad que teniendo un origen extranjero no europeo, contribuyó decisivamente en la inserción de una población inmigrante con pocas oportunidades de aceptación en una sociedad elitista y discriminadora como la limeña. En la siguiente nota señalamos la existencia de los dos teatros chinos más antiguos que existieron en la Lima del siglo XIX y cuáles fueron sus diferentes destinos.    

El Teatro de la calle del Rastro de La Huaquilla “Delicias” (3) 

            Este teatro estuvo ubicado en la calle del Rastro de la Huaquilla n°37 en los Barrios Altos. Al parecer este habría sido el primer teatro destinado a representaciones chinas, pues desde noviembre de 1870, diversas crónicas periodísticas mencionaban constantemente la existencia de un “teatro chino” sin enunciar un nombre específico. (4) Fue recién en diciembre de 1874 cuando aparece la primera referencia al nombre del teatro como tal, aunque haciendo alusión a la calle en donde estaba ubicado, es decir identificándolo como el teatro del rastro de la Huaquilla, así este teatro adquirió una significativa popularidad hasta que más adelante adoptó el nombre de teatro Delicias. (5)

            Este teatro, tuvo duras críticas por parte de las autoridades municipales y el público en general, pues sus condiciones arquitectónicas e higiénicas resultaban “peligrosas” para la ciudad. Así, fueron constantes las clausuras y aperturas del local. Hacia 1900 estaba en pleno funcionamiento, poco después pereció en un voraz incendio en 1912 (6) en el cual al no haber agua para apagar el incendio, lo dejo en escombros. Cuatro años más tarde, en octubre de 1916 gracias al esfuerzo de los comerciantes chinos el teatro chino fue re-edificado en el mismo lugar. (7)

            Durante los siguientes años, el teatro continuo su existencia con normalidad, hacia 1920 empieza a ser conocido como teatro Delicias y en adelante logra convertirse en espacio privilegiado para la colonia china, pues fue sede de las actividades de su cuerpo diplomático residente en Lima. Para 1928, es administrado por el empresario Federico Tong. Para 1929, según señala Cipriano Laos, este teatro es presentado con una edificación moderna, “el plan general del teatro es de los más conveniente, contando con todos los servicios y anexos capaces de dar cabida a grandes compañías teatrales”. (8) El teatro ofrecía funciones de cinematógrafo las cuales se efectuaban generalmente en las tardes, “vermouth”.

 

El teatro Odeón (9)

            El teatro Odeón fue mandado a construir en 1870 por el escritor Arnaldo Márquez, (10) estuvo ubicado en la calle Capón n°158, exactamente dentro de la popular casa Otaiza (11) y sobre lo que anteriormente había sido el conocido jardín Otaiza. (12) Tenía una capacidad para 1400 personas, fue inaugurado en mayo de 1872 por la compañía dramática italiana de Ernesto Rossi. (13) Durante los 6 primeros años de existencia, es decir desde su fundación hasta 1876, el teatro Odeón fue un escenario donde hubo entretenimientos propios de la sociedad limeña del momento. Allí se presentaron diversas obras teatrales, óperas italianas y bailes de máscaras. Al parecer durante ese tiempo el teatro no gozó de mucha popularidad entre el público limeño. (14)

            La quietud de este teatro fue interrumpida a comienzos de 1876 cuando fue alquilado a una compañía de comerciantes chinos integrada por Tay Vo Chang, Fung Elen, representada por Luis Otaiza, que solicito ante la municipalidad más de cien licencias para poner en escena numerosas piezas teatrales chinas. (15)  Permaneció en poder de los comerciantes chinos hasta, que, según señala Isabelle Lausent-Herrera, lo adquirieron en 1879. (16)

            Al parecer el teatro Odeón ofreció funciones teatrales desde 1876 hasta 1878 según aparece en la memoria de alcalde Pedro José Saavedra. (17) La clausura del teatro está vinculada con el incremento del precio de licencias que perjudico a los empresarios de este teatro. (18)

            Extinguido el teatro Odeón como escenario, el local siguió funcionando como sala de juegos, hotel y casa de inquilinato, en un estado antihigiénico. (19)  Para el 12 de agosto de 1892 el inspector de higiene Federico Galindo ordenó la  desinfección de las casa por las pésimas condiciones en las se encontraba, situación similar se repetiría en 1901. (20) En 1907 se informó que este antiguo teatro estaba convertido en una casa de inquilinato donde había salas de juego, cuartos de prostitución, fumaderos de opio, fondas, pastelerías y peluquerías. (21) Su destrucción se realizo durante la demolición del callejón de Otaiza años más adelante.

Notas

  1. Hernández, Rafael “El teatro chino en el Perú”. Revista fuera de cerco nº 2. 1987.
  2. Muñoz Cabrejo, Fanni Diversiones públicas en Lima. 1890-1920. La experiencia de la modernidad. Lima. Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales. 2001.
  3. En la actualidad estaría ubicado en la 1era cuadra del Jr. Cangallo. Barrios Altos. Juan Bromley, Las Viejas Calles de Lima, 2005, Lima, Municipalidad Metropolitana de Lima, p. 117.
    1. El Nacional, 17 de Noviembre de 1870.
    2. El Nacional, 28 de Diciembre de 1874.
    3. Boletín Municipal, Nº 605, 1912.
    4. Variedades, 14 de Octubre de 1916.
    5. Laos, Cipriano Lima. La ciudad de los virreyes. (El libro peruano1928-1929). Lima. Patronato del Touring Club Peruano. Editorial Perú, 1929, p. 94.
    6. En la actualidad estaría ubicado en la 6ta cuadra del Jr. Ucayali.

10.  José Arnaldo Márquez, fue un escritor representativo de la corriente del nuevo teatro romántico, perteneció a la misma generación romántica que Ricardo Palma, Nicolás Corpancho, Luis Benjamín Cisneros y Carlos Augusto Salaverry. Denegri, Francesca El abanico y a cigarrera, la primera generación de mujeres ilustradas en el Perú.  IEP, Flora Tristán, Lima, 2004, p. 71.

11.  En 1866 todavía  existía el jardín de Otaiza. El Comercio del 8 de enero de 1866

12.  Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima (en adelante AHML): Espectáculos Públicos, 23 de mayo de 1870.

13.  Gálvez, José Nuestra pequeña historia, UNMSM, Lima, 1966, p. 347

14.  AHML. Ramo de Espectáculos. 23 de mayo de 1870, 13 Septiembre de 1870, 13 de febrero de 1875.

15.  AHML: Espectáculos Públicos, 17 enero de 1876.

16.  Lausent-Herrera, Isabelle Sociedades y templos chinos. Congreso de la República del Perú, Lima, 2000, p. 52.

17.  Memoria de la administración municipal, 1877-1878. Lima, 1879, Imprenta de Masías Hermanos.

18.  AHML: Espectáculos Públicos, 27 de noviembre de 1877.

19.  Boletín Municipal, Nº 777, 1892.

20.  Boletín Municipal, Nº 832, 1892.

21.  Basurco, Santiago y Avendaño, Leónidas “Informe emitido por la comisión encargada de estudiar las condiciones sanitarias de las casa de vecindad en Lima”. primera y segunda parte, Ministerio de Fomento. Dirección de Salubridad. Boletín 3:4 y 5 Lima, abril y mayo de 1907, p. 58.

Odalis  Valladares Chamorro

Bachiller en Historia y Ciencias Sociales. UNMSM.

Actualmente prepara una tesis para la licenciatura titulada Inmigrantes chinos en Lima. Teatro, identidad e inclusión social. 1870-1930.

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A propósito del proyecto del colegio de historiadores del Perú. por mario meza


 

He recibido un correo con un archivo acerca de la gestación de un colegio profesional de historiadores en el congreso de la república. Este proyecto viene desde hace un tiempo propuesto por una Asociación de Historiadores de la Región Sur de Arequipa e impulsado por un coterráneo suyo en el congreso, el sr. Juan Carlos Eguren del PPC. Personalmente nunca me agradó la idea de tener un ente burocrático que me supervisara (excepto mis asesores de tesis) en las labores de investigación histórica que aunque no muchas las tengo. Pero tal como dice el proyecto El Colegio de Historiadores tiene como fin “el correcto ejercicio de la profesión de sus miembros, dentro de criterios éticos, de libertad, legalidad y de interés público”. La verdad es que resulta fuera de toda lógica  pensar que la labor de un historiador, considerado por el susodicho proyecto como una labor “científica y humanista” pueda sujetarse a criterios éticos de libertad, legalidad y de interés público bajo pena de ser sancionado disciplinariamente según Estatutos del Colegio. Eso quiere decir que desde la dación de esa ley solo podremos escribir historias al gusto de los políticos o de aquellos que dicen representar el interés público, dictado por sabe Dios quién o qué censor público o privado, nombrado o autonombrado a sí mismo como un defensor de la ley o del llamado interés público. Si esto hubiera sido desde antes así nunca no hubiésemos terminado de escuchar la sarta de sandeces que poblaron las versiones “oficialistas” de la historia peruana que decían que la independencia en 1821 fue una labor exclusivamente peruana y donde todos los “peruanos” participaron entusiastamente a su favor o que la guerra con Chile fue una gesta heroica de las elites criollas cuando sabemos que en ambos acontecimientos hubo un vertedero de conflictos étnicos y sociales internos provocados precisamente porque los mismos peruanos nunca resolvimos nuestras malquerencias (Recordemos lo que dijeron Heraclio Bonilla y Karen Spalding en su tiempo, de hecho Bonilla anduvo perseguido por esto). La labor del historiador no es ser complaciente con versiones “nacionalistas” ni con ninguna otra, vengan de donde vengan, si no es por el tamiz mismo de la crítica y el debate público, no por la ley y el interés público como dice el texto en su artículo 4 incisos a y b. De ser así nunca hubiéramos avanzado en reconocernos como una sociedad con fracturas sociales profundas y enormes contradicciones que hasta hoy no se resuelven. El propio informe final de la comisión de la verdad y la reconciliación, un documento histórico que narra esas profundas desigualdades y conflictos sociales que llevaron a la sociedad peruana a dos décadas de violencia en el país, es un reflejo fiel de lo desgarrado que somos como sociedad para masacrarnos mutuamente y convertir a este país en un baño de sangre. Este documento a pesar de ser histórico historiograficamente hablando no ha creado el consenso para ser aceptado por toda la sociedad. ¿Hubiera necesitado esa comisión también la autorización gremial para no usurpar las funciones de historiadores y decir algo que complaciera a todo el auditorio? Ya vimos lo que respondió el antropólogo Carlos Iván Degregori en su calidad de profesional cuando fue cuestionado por el abogado defensor de Fujimori sobre la validez de sus opiniones en esa comisión al mismo tiempo que buscaba descalificarlo en pleno juicio de su patrocinado por dar sus opiniones por no estar afiliado a ese fantasmal Colegio de Antropólogos del Perú, para entonces Degregori dijo que más que antropólogo hablaba como un ciudadano muy bien documentado e informado.
 
Esto plantea una cuestión fundamental: ¿se necesita un permiso institucional para la construcción de la memoria? y si debe ser así (cosa que no creo) quién debe administrarla ¿solamente los historiadores? Más bien creo que la memoria y el pasado son muchos discursos que se construyen al calor de las contradicciones del debate público que no requiere más autorización que la polémica misma.  Esto me plantea además una segunda cuestión. Dice el proyecto que para investigar historia se requiere de titulación profesional y estar inscrito en el colegio de historiadores para evitar lo que se llama “el intrusismo profesional” (2º artículo del proyecto de ley). Esto desmiente ominosamente la larga lista de historiadores que se ensalza en el propio documento presentado, en las paginas 2 y 3, que señala precisamente que no eran historiadores profesionales quiénes construyeron nuestra identidad desde el pasado. Curiosamente todos ellos plantearon visiones discrepantes a la sociedad de su época y desde luego a la ética predominante de las buenas costumbres o del llamado “interés público”. Por eso el mestizo Garcilazo de la Vega terminó en un autoexilio en España porque no se le reconocía un espacio en la sociedad colonial, la obra del indio Guamán Poma fue olvidada en alguna biblioteca europea, el republicano radical Jorge Basadre Grohman respiró soledad intelectual durante su época de gran historiador, el propio novecentista José de la Riva Agüero terminó arrinconado por su propia clase social y solo pudo volver a a ella menos democrático y más autoritario que nunca, el comunista subversivo José C. Mariategui fue igualmente olvidado durante varias décadas hasta su recuperación cuatro décadas después. Y ¿que hay de quiénes quieran escribir historias consideradas poco patrióticas o que fueron subversivas en su momento (p.e. las historias del APRA en 1930 y 1940) o que quieran descubrir el maltrato oficial y socialmente legitimado dado a grupos étnicos minoritarios como los japoneses o los chinos apenas hace 60 años o explicar los fenómenos de la violencia política como Sendero Luminoso o el MRTA desde ámbitos que cuestionen muchas categorías oficiales que no los consideran “partidos políticos”?; o ¿como tratar la corrupción institucionalizadas en épocas muy recientes y que vayan más allá de la categoría del “pecado” (y no me refiero solo al fujimontesinismo)? Curiosamente en esto incide la riqueza historiográfica peruana, no es una hechura exclusiva de historiadores profesionales forjadas en esas instituciones universitarias en el sentido de lo académico y correctamente diplomado en alguna universidad y que en el caso peruano deja mucho que desear por lo reducidamente atrayente que resulta estudiar historia, o por la pobreza de recursos con que se cuenta para la investigación histórica y por la escasa calidad académica de los propios historiadores para plantear temas novedosos y realmente interesantes para la sociedad. Acaso ¿nos olvidamos también que hay excelentes historias contadas desde localidades y pueblos que enseñan y trasmiten de una generación a otra un modo de entender e interpretar el pasado que no tiene nada que ver con la ley y el interés publico oficial? Muchas de esas historias y de las buenas historias son rescatadas por historiadores no profesionales: maestros de escuelas públicas rurales y especialmente los propios protagonistas. ¿Que son sino los relatos de Rigoberta Menchú o Hilaria Supa? pedazos de historia con mucha fibra moral y sensibilidad por lo propio que nos abren mundos desconocidos a los historiadores “profesionales”. 
 
Entonces ¿a qué viene la colegiación profesional? Hasta donde sé son asociaciones profesionales que cumplen una función delegada por el Estado para ejercer actividades consideradas indispensables en el correcto funcionamiento del orden legal. Su carácter público lo entiendo como ejercicio de un orden legal que en el Perú siempre tiende a ser fragil y muchas veces contradictorio con la propia realidad y que no pocas veces ofende al ciudadano común promedio. Me pregunto si la construcción de la memoria es un patrimonio público sujeto a la ley ¿quién define el sentido de la ley? o peor aún, el interés público. La propia ética es un recurso retórico subvaluado especialmente por las clases dirigentes hoy en día, ¿podría solo un colegio profesional suplir esas carencias institucionales y a toda la sociedad? Al parecer ese es el gran debate de hoy cuando se habla de un Museo de la Memoria, dado que no se pudo olvidar a pesar que muchos impulsaron ese olvido de nuestro pasado reciente, el gobierno alemán nos invitó a cruzar el rubicón de esa indecisión y hoy se quiere corporativizar la memoria, sectores políticos conservadores de sociedad y de las Fuerzas Armadas quieren imponer sus condiciones en detrimento de la sociedad forzando a que dentro de un Museo de la Memoria exista una versión suya aparte de lo dicho por el Informe final de la CVR. Entonces resulta poco lógico en este contexto que la colegiación de los historiadores proponga corporativizar bajo el criterio de legalidad y del supuesto interés público o de eticidad la gran diversidad de memorias y de historias pertenecientes a la sociedad. Haciendo un parangón inverso a lo recientemente expuesto en un diario local sobre los títulos y diplomas (más cuotas y controles legales de una corporación) que otorgan calidad profesional a un representante, creo que la historia se hace más rica y profunda cuando ha sido precisamente más menoscabada por ser precisamente no aceptado y hasta diría subversivo.   
 
 El proyecto dice también que para reconocer la importancia de la historia como ciencia histórica y proteger a quiénes la ejercen como investigadores es necesario que exista el colegio profesional de historiadores que la promuevan y la protegan. Si están preocupados de ambos casos entonces propongan más museos, más recursos para la investigación desde las universidades y las instituciones públicas y privadas, ambos ayudaran a preservar las memorias y a valorar en su justa dimensión el trabajo de los historiadores, difundan la lectura de más investigaciones históricas, no por más burocracia que reparta permisos y autorizaciones nos acercaremos mejor a la sociedad ni se mejorará nuestra imagen, por el contrario, esta se deteriorará aún más. La gente desconfía de todo lo que huela a burocrático e institucionalizado sino vean a los abogados. En este proyecto los historiadores no son los favorecidos más bien se nos coarta la libertad de pensamiento y expresión en favor de pequeños grupos de poder que buscaran construir argollas y terminaran desprestigiando a nuestra carrera profesional sino vean a otros colegios profesionales  ¿dónde estuvo – y está – por ejemplo el Colegio de periodistas para sancionar a los “mermeleros” del fujimontesinismo?. 
 
Los criterios de proponer un Colegio Profesional para historiadores son anticuados, el mismo criterio de un Colegio Profesional corporativizador del conocimiento por una pretendida equiparación a otras profesiones como el de geógrafos, arqueólogos, profesores, antropólogos, sociólogos son errados, ni siquiera a estos se les reconoce el peso que supuestamente deben tener y sospecho que son por los mismos motivos que he expuesto para este caso.
 
Mario Meza
Historiador y antropólogo
         

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