Archive for Violencia política

¿Solos o (mal) acompañados? Los dilemas para construir una izquierda viable y radical en el Perú


Mario Meza Bazán.

Aprovecho el artículo de Hernán Maldonado para introducirme a un debate que se ha planteado con Juan Carlos Ubilluz; y, en la columna de Antonio Zapata,[1] acerca de las posibilidades electorales de la izquierda en el Perú, especialmente para las que se vienen en las elecciones presidenciales y del congreso en el 2016. Entre los principales puntos que se debaten aparecen:

1° La situación de fragmentación y debilidad de las diferentes expresiones políticas y sociales que se consideran de izquierda.

2° Las oportunidades que representan hoy los movimientos sociales en auge en provincias, que se enfrentan a los capitales transnacionales por el tema medioambiental; y, al cuestionamiento de las formas políticas de la clase política tradicional, que desde hace 25 años, ha encontrado en Lima, por ejemplo, un referente para la oposición a la gestión del alcalde Luis Castañeda Lossio.

3° La viabilidad de que haya en esa oportunidad de unificación por motivos electorales y en menor medida por convergencia política, la posibilidad de obtener si no buenos resultados por lo menos resultados satisfactorios, que levanten una auténtica posibilidad y esperanza de cambio en la conducción política de este país.

Hay un consenso entre los tres analistas sobre la fragmentación como un síntoma de debilidad del actual del proceso político de la izquierda peruana. Para Ubilluz, éste debería ser el momento para replantear las posibilidades de reconstitución de una izquierda con ideas genuinas de cambio en la política peruana, teniendo como punto de partida la soledad de la radicalidad que a la larga se convierta en una antorcha que amplifique perspectivas para una izquierda anquilosada por las continuas frustraciones de candidaturas que “traicionaron” la voluntad popular delegada en las ánforas en favor de una “democracia administrada” por los grandes poderes económicos. Claro, la soledad a la que se refiere Ubilluz es la política, porque por lo menos uno de los logros que ha conseguido, por ejemplo, Tierra y Libertad es crear desde el movimiento social medio ambientalista una conciencia ecológica, que le dará consistencia política en el largo plazo como fórmula de cambio alternativo.

Por otro lado, se presenta la posición de Antonio Zapata, que desde un planteamiento opuesto, considera que la suma de las minorías, por más consistentes que sean, no podrían alcanzar el mínimo de la opción realista que debe presidir siempre el ejercicio de la política: la obtención del poder. Desde esa perspectiva, plantea que las posibilidades de una minoría no han comulgado bien con ese agente mayoritario en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX, y que ha venido inclinando la balanza de las diferentes elecciones en los últimos 35 años, que es el sector mestizo o popularmente cholo de la población. Desde esa perspectiva resultaría razonable que las diferentes agendas que hoy se manejan desde una mirada izquierdista, como son la reivindicación de la dignidad y la igualdad, se constituyan en elementos claves que cohesionen todas las demandas sociales, indigenistas, regionalistas, urbanas y de clases medias en un solo bloque mayoritario, capaz de derruir a los sectores oligárquicos de la sociedad.

Desde una tercera mirada, y complejizando ambas posturas, Hernán Maldonado plantea las dificultades para mantenerse en una postura principista, que no pocas veces ha derivado en posiciones sectarias y moralistas en el seno de la izquierda, pero que parece se hacen más intensas en el Perú de los últimos años. No es el caso de la dirigencia de Tierra y Libertad, pero sí de sectores que han mostrado rechazos a alianzas con el Frente Amplio, por ejemplo, por el tema del liderazgo en la Confluencia por la Unidad del Frente de Izquierda (CPUFI). En todo caso, si hay un escollo en la moral públicamente impoluta de algunos sectores de izquierda para mantener un proyecto político electoral de cambio en el corto plazo, es porque no han entendido, según Maldonado, lo que significa realmente la política y, específicamente, la política secularizada. Ludolfo Paramio identificaba un impasse similar con el comunismo europeo de la década de 1980, lo que se solucionó con el colapso del bloque soviético. ¿Qué tendría que pasar en Perú para que se supere esta desconfianza por el otro?

Un problema mayor, plantea Maldonado, sería que el debate en el seno de las izquierdas (antaño llamado el campo popular) es que no se han cumplido tareas que debieron haberse hecho tras 25 años del colapso de las izquierdas: definir proyectos, debatir programas, establecer propuestas concretas, convertir a actores emergentes y no emergentes (los excluidos de la sociedad) en protagonistas de la nueva cara izquierdista en el Perú. En todo caso aquí quiero conectar las diferentes propuestas que plantean los tres autores. En principio ¿qué actores son los que se proponen? Ubilluz y Zapata plantean la más amplia gama de los excluidos tradicionalmente de la arena política principal, (lxs campesinxs y nativxs y lxs migrantes mestizxs, fuera de todos los otros grupos como homosexuales, lesbianas, etc.) ¿Qué tienen en común? Aparecen en los medios como parte del coro, los que se manifiestan en las movilizaciones, en las marchas, los que aparecen golpeados, apaleados, detenidos, abaleados, asesinados muchas veces al margen de la cámara de Tv. o que son sembrados por alguna conspiración mediática para hacerlos aparecer como violentos. ¿Hablan ellos en nombre propio o del que sufre los efectos del “sistema”? La respuesta es obvia, pero profundicemos un poco más ¿Tienen proyectos? El más común y extendido: no haber sido nada durante años, ser alguien ahora ¿Qué programa define eso? Uno que los libere de las ataduras de la opresión y la humillación de la sociedad, que está aparejado con la desigualdad en la política, en la economía, en la cultura, en la escuela, en los servicios de salud, en el trato de la policía y de la administración de justicia, en la convivencia dentro de la familia, del hogar y en las instituciones que se dicen “tutelares” de la patria. ¿Es lírico, romántico,  revolucionario poco realista? ¿No está exento de contradicciones por ambicioso y por eso poco realista políticamente? Coaligar a las clases y grupos definidos por la opresión, es en sí una utopía, pero viable, porque es establecer un discurso y un imaginario legítimo donde todos deben tener cabida, sino no hay posibilidades de aglutinación colectiva coherente. El tiempo y la cooperación o, en su defecto, la tolerancia mutua, es lo que define la pervivencia de un proyecto de este tipo, no sólo su eficacia o eficiencia. Eso lo hace históricamente viable. Hasta Alan García lo entiende así cuando habla de un Frente Republicano. ¿Se podría objetar eso? Claro que no, sólo que en el caso de García y compañía ese frente está hecho para no cambiar nada, ellos no creen en todo lo dicho hasta aquí. Otra objeción ¿acaso no se inscriben todos estos buenos deseos, que son también operativos, en los postulados de todos los partidos políticos, del Acuerdo Nacional, de las constituciones políticas abolidas y vigentes y de los discursos políticos más sosos y convencionales? Aparentemente si, pero he allí el detalle, nadie osa cumplirlo.

Entonces se puede plantear una objeción más consistente a esta política de liberación ¿por qué todo esto que aparecería como muy bueno para un público que ha escuchado en plazas y calles o en la Tv y la prensa, en resumidas cuentas, en una campaña electoral, no podría ser práctico en el mundo real? ¿No fueron acaso Toledo, Humala y hasta el mismo Fujimori en su momento, las opciones de una mayoría silenciosa que convirtió en outsiders a candidatos aparentemente comprometidos con una mirada izquierdista los que traicionaron la voluntad de sus electores por una política más realista? La supuesta falta de viabilidad de estos buenos deseos no sería tanto la concreción o la congruencia de los programas dentro de un solo proyecto colectivo como nos sugiere implícitamente Maldonado en el final de su texto, y que explicarían en última instancia las rupturas entre las izquierdas colgadas de la mochila del líder triunfante en las elecciones, sino las acciones claras de los actores políticos y sus operadores, que en representación de la más variopinta colectividad, no hacen viable estas propuestas. Es la práctica real y las acciones de los actores la que viabiliza y da sentido a la palabra, no al revés (Marx dixit). Puede haber errores de concepto, de priorización, de ejecución y hasta de omisión, pero son las acciones consecuentes con la confianza de los electores que apostarían por ese frente (algo tan escaso en los últimos años), los que mantendrían cohesionados, en una gran mayoría no solo electoral sino política, a un proyecto de izquierdas que además debería pretender ser radical. Esta “realidad”, con que nos ha golpeado tras cada elección el pensamiento único conservador, podría tener un elemento de verdad, especialmente cuando los que han llegado al poder cada cinco años por la izquierda y se van de inmediato a la derecha, terminan envueltos en las telarañas de compromisos teñidas no pocas veces de corrupción. Este regalo de cínico “realismo político” es más un presente griego de las clases políticas, y especialmente de izquierdas, que han forjado durante décadas con su vaciedad doctrinal e ideológica las supuestas inviabilidades de un programa radical de transformación. Es la inoperancia de las izquierdas para organizarse, trasmitir y enseñar sus errores y fallos en la política peruana a las colectividades que dicen representar, son ellas las que han producido con sus deslices por los fallidos liderazgos populistas, la recurrencia al “realismo” político conservador de los candidatos que llegaron al poder por la izquierda y se fueron a la derecha. Son las fallas no subsanadas por las viejas dirigencias izquierdistas, que no han  cumplido con sus tareas  políticas, ideológicas y de transmisión cultural de sus errores y victorias (si es que las hay), lo que debería y no debería hacerse en política. Llenar ese vacío de los últimos 25 años de política izquierdista es una tarea pendiente que no se ha asumido con rigor y seriedad. Querer llenar esos vacíos cada cinco años con campañas electorales confusas y al compás del discurso ideológico dominante es una burla a su electorado, es sentarse sobre todo lo que reclaman hacer para en realidad no hacer nada viable al final.

La tragedia de las izquierdas es precisamente dejar de hacer en el campo y en el tiempo largo del movimiento social las tareas de difusión y enseñanza de valores y principios que debe guiar el razonamiento básico de una izquierda radical. ¿Cuál sería la tarea fundamental de una izquierda radical en el Perú de hoy? la construcción de vocabularios y prácticas de liberación de opresión y de humillación mediante tareas de empatías y formación de solidaridades e identidades de los oprimidos, que reivindique antes que todo justicia e igualdad ante la sociedad y la ley.[2] Sobre esa base ¿se puede entender la extrema necesidad de las alianzas coyunturales en las izquierdas para la obtención del poder del Estado? No, si antes no se piensa realmente cómo ese acceso al poder puede favorecer la recomposición de una opción política viable para los perdedores del sistema. Para muestra un botón, al margen de mis simpatías o antipatías por la fenecida gestión de Susana Villarán ¿alguien podría imaginarse una movilización por una obra malhecha, como fue la del Metropolitano, entre el 2002 al 2010, con una caída estrepitosa en las encuestas del alcalde Castañeda? Algo cambió en el electorado limeño entre el 2011 y 2015. Allí hay una lección para aprender y avanzar, para retomar desde una radicalidad de izquierdas una dirección utópica de liberación.

[1] Maldonado, Hernán “La posibilidad de una isla” en Ideele Revista Nº 249 En http://revistaideele.com/ideele/content/la-posibilidad-de-una-isla; Ubilluz, Juan Carlos “No a la gran coalición de izquierda” http://revistaideele.com/ideele/content/no-la-gran-coalici%C3%B3n-de-izquierda ; Zapata, Antonio “Coalición de mayoría o suma de minorías” en La República del 06 de mayo del 2015 http://www.larepublica.pe/columnistas/sucedio/coalicion-de-mayoria-o-suma-de-minorias-06-05-2015  

[2] Muchos temas se plantean aquí desde esa óptica; por ejemplo, ¿debe existir el mercado y el Estado? Si fuese así ¿cuáles deberían ser sus roles en la sociedad? ¿cuál debería ser el compromiso del Estado frente a la sociedad; por ejemplo, con temas como el medio ambiente, la desigualdad, la inequidad, la opresión, la Globalización? ¿Qué tanto podrían hacer los movimientos sociales en auge para erosionar ciertas supuestas verdades actuales; y, cómo podrían apoyar los cambios que deben operarse dentro del Estado? Todo eso da para debates que nadie en el espectro político actual ha asumido con seriedad; y, que en las izquierdas apenas se mencionan para no molestar a los sectores conservadores, que por cierto, hoy son una mayoría relativa, empezando por el electorado fujimorista, ese otro actor político que las izquierdas no han comprendido o se han rehusado a comprender hasta hoy.

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Las paradojas de la actual violencia política en el Perú: los Sendero- VRAE


Autor: Mario Meza

Si tenemos que hablar de una actual violencia política en el Perú el caso del secuestro de los trabajadores de KEPASHIATO en Echarate, región Cusco, nos puede dar una idea de qué se trata ante una nueva forma de lucha armada que combina política, secuestro y negocios. Véase http://idl-reporteros.pe/2012/04/12/columna-de-reporteros-74/. El interés es controlar zonas estratégicas que proporcionen bases territoriales no para hacer la revolución, sino para afianzar poderes locales armados que compitan con el Estado en la imposición de un dominio en esas zonas basadas en la violencia para la obtención, por la extorsión y el chantaje a esas mismas autoridades públicas y a las empresas de la zona, de fuentes de financiamiento para sus organizaciones armadas. De allí la primera paradoja de estas organizaciones armadas “revolucionarias”  en los Valles de la Región Apurimac – Ene (VRAE). No se limitan a proteger sus bandas armadas sino que buscan sobrevivir del narcotráfico y de los poderes a los  que supuestamente quieren destruir. Esto es nuevo, incluso el viejo Sendero Luminoso, que impuso en las zonas del naroctráifco cupos a los capos de la droga y a los cocaleros para sobrevivir, no se atrevía a secuestrar empresarios y autoridades para obtener ventajas económicas.

La segunda paradoja es que si bien esta práctica antes descrita no aparece en Sendero Luminoso (SL) no es una práctica nueva en la historia de la violencia política peruana; por el contrario, es una práctica vieja del bandidismo puro, mondo y lirondo, y eso le quita la aureola antisistemica o insurreccional del que podía preciarse cualquier movimiento revolucionario. Aún así las propias guerrillas latinoamericanas entre los años 1970 y 1990 y las FARC aun lo usan. Los Sendero VRAE quieren saltar esta práctica a un nuevo nivel en su estrategia de afianzamiento en una región que ya dominaban por el narcotráico y el refugio de jovenes desarraigados de cualquier posibilidad de desarrollo en la sociedad legal.

La tercera paradoja es que si estas prácticas no tienen nada de insurreccionales, revolucionarias o antisistemicas, proveé de motivos y argumentos al poder estatal y a los poderes económicos para reprimir toda forma legítima de protesta social. ¿Cuál es el punto de contacto entre lo uno y lo otro? Esta es la cuarta paradoja. La ideología que este Sendero VRAE utiliza ahora, aunque aparentemente insurreccional y “reivindicatorio” del derecho de las poblaciones locales de la zona frente al Estado y a la gran empresa, especialmente para las actividades extractivas, no busca en realidad hacerle justicia alguna, menos aún, busca beneficiarla con sus acciones, lo que busca es apantallar sus fechorías con motivos políticos. De allí porque les resulta bastante lógico ser condescendientes con las empresas que atacan y con el poder estatal al que también atacan y matan selectivamente, tanto a soldados y oficiales del Ejército como ahora hacen con el secuestro de civiles.

Esto nos lleva a una quinta paradoja. La mentalidad pragmática empresarial propia de una época como la que hoy vive el Perú, ha penetrado en todos los ordenes de la vida y hasta en los grupos armados supuestamente “insurreccionales”. Esto le confiere un signo original a los Senderistas del VRAE, son grupos armados no insurreccionales pero con poder real, que partiendo de la lucha armada, el narcotráfico y ahora del secuestro de civiles ha logrado trascender también  las viejas señales del bandidismo típico de países con estados debiles, para saltar un nuevo nivel de ilegalidad, donde lucha armada, narcotráfico y secuestro se confabulan para afianzar poderes armados locales con poderes de negociación y probablemente, con alguna aceptación social en la zona.

Estos últimos hechos exigen no solamente una respuesta militar represiva sino también una estrategia política de inserción del Estado y de la sociedad peruana en su conjunto para esa zona, abandonada por todos, excepto por los senderistas VRAE. Esto nos lleva a una sexta y última paradoja. Si bien lo que está en juego en esa zona es algo que ya sabíamos desde mucho antes, que unos remanentes senderistas con vínculos con el narcotráfico, buscaban perpetuar un negocio ilicito disfrazado de ideología y solo eso era un motivo de preocupación para saber quién dominaba  esa zona, lo que se juega aquí es algo más trascendente: es quien puede ofrecer un modelo de vida y un gobierno que satisfaga las necesidades de la población no solo desde el dominio efectivo del territorio y la población sino como modelo moral de vida. A la larga el Sendero VRAE está ofreciendo a las poblaciones que no sienten nada del de desarrollo obtenido en el país en los últimos años, un modelo de vida ilegal pero no por eso menos rentable que cualquier actividad licita. Las ventajas de vivir del negocio de la droga, los secuestros y la violencia política armada agregada a otras formas de violencia como las que se dan en las grandes ciudades, especialmente con los jovenes, han sido el detonante en otros países como México, Brasil, Centroamérica, Venezuela o Colombia para convertir a la delincuencia común y política en un problema central en el ambito de la seguridad nacional, problema que en este momento que escribo este artículo, se está debatiendo desde el tema del narcotráfico en la cumbre de las Américas, en un problema de seguridad hemisférica. ¿Tiene el Estado peruano alguna estrategia para afrontar esta nueva realidad? Al momento que termino de escribir estas lineas me entero que los senderistas del VRAE soltaron a los 36 secuestrados de Echarate… Pero el problema sigue allí.

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El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y las Fuentes de la Revolución en América Latina


Autor:  Mario Miguel Meza Bazán.

Texto leído para la defensa de la tesis doctoral en Historia en El Colegio de México en México DF el 18 de enero del 2012 ante el jurado conformado por el doctor Francisco Zapata Schaffeld (Presidente), el doctor Marco Palacios Rozo (Primer Vocal) y el doctor Ariel Rodíguez Kuri (Vocal Secretario).

1.- El tema: la tesis nació en el contexto de los estudios de la violencia política y la lucha armada entre los movimientos de izquierda radical posterior ala RevoluciónCubana en América Latina.  En Perú este fenómeno está vinculado también con otros hechos y procesos, que corresponden a su propia historia nacional. En la parte introductoria de esta tesis he asociado la violencia y la política en América Latina contemporánea y/o moderna, con procesos que se remontan a hechos de larga duración, y que tienen que ver: con la constitución de los Estados Nacionales; la constitución de sus formas políticas institucionales a través del conflicto y la violencia; el significado de la legitimidad de la violencia entre determinadas prácticas políticas, entre las que destaca el papel de los regimenes autoritarios y dictaduras civiles y/o militares; la introducción de ideologías y organizaciones de izquierda, entre las que destacan también los partidos nacionales y socialistas antioligáquicos y antiimperialistas, con alguna raigambre popular (populismos) o entre determinadas elites. Otros elementos que emergen en la tesis es la introducción y el aprendizaje de la política comunista y las vinculaciones de estos movimientos de izquierdas con la política de masas; la incorporación de las Fuerzas Armadas (FFAA) en la construcción de lo nacional; y, finalmente, como todos estos elementos, que han venido a construir un tipo de práctica específica de la política insurreccional latinoamericana, se halla concentrada en un solo caso específico en Perú: el llamado Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, más conocido por sus siglas como MRTA.

El Colegio de México

2.-  Desde esta perspectiva, la tesis se inscribe dentro de esa serie de estudios sobre la violencia política peruana en las décadas de 1980 y 1990, que enfatizan la descripción del fenómeno de la violencia política como procesos y hechos acontecimentales en un contexto histórico mayor. Sin embargo y al revés de esos estudios, la tesis se concentra en exponer una historia política no contada con precisión por quiénes estudian la violencia política peruana. Usualmente se presupone que la insurrección del MRTA está inscrita en una coyuntura marcada por la violencia política o la guerra interna habida entre el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP SL), el Estado y la sociedad civil en medio. El MRTA es solo un agregado irrelevante en esta historia “oficial” de la violencia política o guerra interna. En esta tesis el estudio del MRTA es el estudio de un movimiento armado de la izquierda radical no senderista que posee los rasgos de una violencia política específica vinculado a los patrones políticos y culturales de la violencia política en el Perú y en el continente latinoamericano entre 1980 y 1997. En otras palabras, la historia del MRTA no es una historia menor de la guerra interna en el país o un caso más de la larga lista de movimientos armados en el continente, es una historia política de la guerra y la violencia en el Perú con raíces en un contexto cultural latinoamericano de la violencia.

3.- En este escenario historiográfico, la violencia política peruana expuesta en la tesis resalta el significado de las tradiciones insurreccionales como decisivas en el moldeamiento de los grupos armados. Desde los jóvenes apristas insurrectos y comunistas radicales en las décadas de 1930 y 1940; la renuncia y el desencanto de estas jóvenes generaciones izquierdistas de sus partidos madres; el impacto y la recuperación por esas tradiciones insurreccionales con las luchas armadas  guerrilleras de 1960; y, la necesidad de los militares por transformar la nación bajo la legitimidad de una “revolución  nacionalista” con ingredientes movilizadores populistas, se procesa el impacto paradójico y profundo de las reformas velasquistas que posibilitaron el ensanchamiento del espacio para las izquierdas junto con una persistencia de estos movimientos por una vocación insurreccional en la política peruana (la tradición insurreccional), que llevó a las propias FFAA a legitimar por sus acciones más que sus palabras el significado del término revolución. La revolución entendida como acción armada justa y transformadora de la sociedad hegemónica y dominante de las clases altas u oligárquicas. En este contexto, proponemos que el peso de las tradiciones insurreccionales puso a prueba no solo a las izquierdas insurreccionales que se levantaron en armas en 1980, sino a todas las izquierdas legales que apostaron ese año por la lucha electoral hasta su derrota en la década de 1990.  También enfatizamos en la tesis la propuesta de la existencia de un espacio cultural revolucionario que trascendió algunas generaciones desde la década de 1930, y que concluyó en 1990 con la derrota del PCP SL, el MRTA y de las propias izquierdas legales.

4.- Desde estos puntos de vista iniciales planteamos como hipótesis que la existencia de esa persistente tradición insurreccional en la  política peruana, encontró con las transiciones del régimen militar postvelasquista a la democracia de 1980, elementos que potenciaban más esa tradición. Entre esos elementos podemos encontrar la amenaza de retroceso a las reformas velasquistas y persecuciones del régimen militar postvelasquista al movimiento laboral sindicalizado a fines de la década de 1970 y principios de 1980, el reactivamiento y potenciamiento de las viejas tradiciones insurreccionales en países de Centro y Sudamérica y, especialmente, el surgimiento de un movimiento armado como fue el PCP Sendero Luminoso en 1980. Entre ambos procesos: tradiciones insurreccionales y amenazas a las izquierdas y a los sectores sindicales en la transición, el factor insurreccional senderista se sobrepuso a todas las coyunturas de crisis de las reformas y amenazas a las izquierdas, las mismas que empujaron a diferentes grupos, militantes e individuos simpatizantes con la acción armada no a incorporarse a PCP SL, que venía de otras realidades geográficas, étnicas y culturales,  sino a continuar con la tendencia propia de izquierdas dispersas y fragmentadas para organizar la lucha armada propia.

5.- Si bien el desafío senderista puso el mayor de los desafíos a la democracia representativa y electoral que entraba además afectada por una severa crisis económica y social; el otro gran desafío de SL fue directamente hacia las izquierdas revolucionarias que terminaron, en una buena parte de los casos, transando y legitimando con su participación la validez de la democracia institucional de 1980, avalando un regimen político que decían combatir. Fue bajo esta coyuntura específica que las diversas izquierdas insurreccionales no senderistas pero creyentes en el sentido transformador de la revolución armada tomaron el desafío senderista para agruparse en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, que saltó a la lucha armada recién en 1982. La intención del MRTA en este contexto fue hacer su propia revolución, no eliminar la revolución senderista.

6.- A partir de entonces hemos planteado entre 1982 y 1997 cuatro periodos de actuación:

A.- Insurrección y guerrillas: 1982- 1987

B.- Derrota estratégica: 1987- 1990

C.- Reconstitución política – militar: 1990- 1992, y

D.- Derrota política militar, 1992 – 1997.

Los mismos que se plantearon en varios escenarios regionales del país: en el norte (Amazonas, Cajamarca y Lambayeque) en el sur (Cusco y Puno), en el centro (Junín y Huánuco) y nor-oriente (San Martín y Ucayali) y en Lima provincias y en la ciudad capital.

7.- Las principales conclusiones que se desprenden de la tesis es que las tradiciones insurreccionales como cualquier tradición nacen, crecen, se desarrollan y se agotan; la tradición insurreccional izquierdista en Perú y América Latina caracterizadas por guerrillas y luchas armadas, no escapan como un modo de actuación política a esa situación; y sin embargo y a pesar de ello, el mantenimiento de la legitimidad de la violencia en la cultura política ha podido conservarse en otros niveles y espacios de la sociedad, tales como el carácter represivo del Estado o las luchas de diferentes actores y grupos que buscan conservar o ampliar sus espacios de poder desde diferentes capas de la sociedad. La dimensión insurreccional del MRTA expresa en este sentido un carácter lógico e histórico de una tradición política de la violencia, que se gestó en décadas como parte de una historia previa de represiones e insurrecciones. En ese contexto los aspectos más notables de una guerrilla insurreccional y revolucionaria de izquierdas como la del MRTA fue  intentar conservar un espacio diferenciado de la violencia revolucionaria con respecto a la insurrección senderista. Su diferencia en métodos, estrategias, ideologías organizacionales y en la composición misma de sus militantes y de sus liderazgos, nos señalan que el MRTA hablaba un dialecto de la revolución con respecto al idioma hegemónico y avasallador senderista. En ello se puede notar las voluntades de las organizaciones armadas para distinguirse politicamente entre sí hasta llegar en determinados momentos y espacios geográficos a enfrentarse y liquidarse mutuamente. Sin embargo habla también de las distinciones y composiciones sociales, étnicas, raciales, regionales y geográficas que primaban en las organizaciones insurreccionales por sobre las conciencias de sus militantes y lideres. A la larga, la historia del MRTA y sus distancias, acercamientos y conflictos con Sendero Luminoso, como con el propio Ejército y la población civil durante el conflicto armado interno habla de las relaciones ambiguas y ambivalentes que caracterizan la fragmentación y el conflicto que atraviesa fuertemente a la sociedad peruana. En esta dimensión podemos señalar que el principal aporte de la tesis es rescatar del olvido, la confusión y la banalización de la violencia política de un grupo armado que aunque no fue significativo por su impacto en la destrucción material y en la tasa de víctimas de la violencia interna, sostuvo una lógica específica de la violencia armada en Perú y América Latina.

Una versión sintetizada de la tesis doctoral se encuentra en el documento titulado “La experiencia insurreccional del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru” presentado en El Grupo Memoria en el local del Instituto de Estudios Peruanos el 15 de diciembre del 2011: http://es.scribd.com/doc/79597327/Mario-Meza-La-experiencia-insurreccional-del-Movimiento-Revolucionario-Tupac-Amaru También se puede encontrar en la pagina del Centro de Estudios de los Movimientos Armados (CEDEMA) http://www.cedema.org/ver.php?id=4867 y los c0mentarios, preguntas, respuestas y el debate de los participantes en la mesa del Grupo Memoria cuyo principal comentarista fue el Dr. Nelson Manrique en http://www.iep.org.pe/gm/exp_insurrec_mrta.pdf

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