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La Cruzada por un derecho. Pioneras del conocimiento.


Mujeres universitarias en Variedades n°111, marzo 2009, p. 10.

Escribe Susana Mendoza Sheen

De VARIEDADES • Lunes 2 de marzo de 2009 pp. 10-11.

 

Mujeres universitarias en Variedades n° 111, marzo 2009. p. 11.

Hace cien años el Estado reconoció a la mujer su derecho a acceder a la universidad. Próximos a conmemorar el Día Internacional de la Mujer, recordamos la lucha y esfuerzo que ellas libraron por alcanzar ese objetivo.

Trinidad María Henríquez tuvo que dejar su Cusco natal para convencer a los padres de la patria que era abogada, la primera del Perú y una de las mujeres más ilustradas de su época.

Era el siglo XIX, y las mujeres que acudían a la universidad lo hacían porque les apasionaba el conocimiento y la ciencia. Y sobre todo porque sus familias eran adineradas y no se oponían a lo que ellas decidían. 

Antes que se promulgara la norma que formalizó el ingreso de las mujeres a los claustros universitarios, en 1908, muchas de ellas buscaron la formación académica para desarrollar su intelecto. Lo increíble, cuenta la joven historiadora sanmarquina, Odalis Valladares, es que sus familias tenían que costearles sus estudios de preparación, porque entonces las mujeres sólo podían acceder a la educación primaria. Alcanzar la formación secundaria, significó que los padres o tutores de las jóvenes emprendedoras contrataran los servicios privados de profesores provenientes de ilustrados colegios para varones.

Para confirmar el nivel educativo que alcanzaban, rendían un examen en el Colegio Guadalupe, creado en 1840; si lo aprobaban, las puertas de la universidad se abría para ellas.La familia de Trinidad María Henríquez lo entendió así. Hija de hacendados cusqueños que apoyaron sus ímpetus intelectuales y afanes de justicia, eligió estudiar la carrera de derecho y jurisprudencia, pero entonces era negada a las mujeres porque a causa de no tener derecho al voto  y no ser, por tanto, considerada ciudadana no podían ejercer la profesión de abogado. Por esa razón, aquellas que decidieron realizar estudios universitarios, cuenta Valladares, se ubicaron en su mayoría en las áreas de medicina y ciencias de la salud.

 INVESTIGACIÓN

 En la investigación que presentó en el Coloquio  Mujeres y Universidad que organizó el Programa de Estudios de Género de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para conmemorar los cien años de vida universitaria femenina, Odalis Valladares, sostiene que aquella elección, respondía al hecho de que ellas debían estar a cargo del cuidado de la salud de la familia y porque estaban llamadas a proteger la higiene de su hogar y la comunidad.

 En 1860, muchas obstetrices egresaron de la escuela sanmarquina que las formó con el título de matronas y a nombre de la universidad, pero sin ningún estatus científico. Margarita Práxedes Muñoz fue la primera bachiller en ciencias, y se graduó en 1889, con la investigación “La unidad de la materia y la identidad sustancial de los reinos inorgánicos y orgánicos”.

 Mientras que Laura Esther Rodríguez, la primera médico, lo hizo en 1899 con su tesis “El empleo del Ictiol en las inflamaciones pélvicas”. Lo que le ocurrió a Trinidad María Henríquez fue más que trágico porque llegó a Lima un poco antes que Chile nos declarara la guerra, y el Congreso de la República no debatió lo suficiente su situación.

 “Los argumentos que esgrimieron en contra para que Henríquez no ejerciera la profesión fueron medievales; usaron las denominadas siete partidas coloniales, preceptos imposibles de aplicar en el siglo XIX para dictaminar sobre un hecho que ocurría en un Estado moderno y republicano”, explica Valladares. Cerraron el Congreso por la Guerra del Pacífico, y Trinidad María no pudo hacer nada. Para cuando se aprobó la ley en 1908, ella ya había muerto con el deseo ardiente de ejercer la jurisprudencia.

 OTRAS UNIVERSITARIAS

 En la segunda mitad del siglo XIX aparecieron mujeres ilustradas como Mercedes Cabello de Carbonera o Clorinda Matto de Turner, que a través de las veladas literarias que organizaron o participaron convocaron a los intelectuales y dirigentes de la Lima de entonces y platicaban abiertamente sobre la realidad nacional.

 Estas librepensadoras motivarían, seguramente, los inquietos anhelos de mujeres jóvenes que veían en la educación una alternativa de crecimiento y autonomía. La facultad de letras de San Marcos fue el espacio que acopió estos espíritus libres. María Jesús Alvarado ó María Esther Festini fueron algunas de ellas.

 Estas señoritas veinteañeras, como cuenta Valladares, se graduaron de pedagogas y abrieron sus liceos, y crearon estos espacios de formación para mujeres. Conocido fue el Liceo Grau que dirigió la Festini, como el que estuvo a cargo de María Jesús.

 Imaginar lo que significó para estas mujeres ingresar al espacio del conocimiento y el saber sólo ocupado por los hombres, nos encoge el ombligo y escarapela la piel. Una mezcla de valentía y locura puede explicar esta sinrazón femenina. Pero gracias a ellas, con sus luchas personales,se amplió nuestro espacio público. Lo que hizo “la ilustrada de los Andes”, como se le conoció a Trinidad María Henriquez, no fue un hecho heroico aislado, fue el comienzo de lo que generaciones después emprendieron, con menos dolor pero igual esfuerzo, por lograr su autonomía.

SIGLO XX CAMBALACHE
 
 No se produjo un gran debate para aprobar la ley que aceptó formalmente la presencia de la mujer en la universidad.
 A diferencia del que protagonizaron los congresistas chilenos en el siglo XIX, cuyo debate lo zanjaron antes que nos declararan la guerra. En el Perú, en 1908 los padres de la patria discutieron sobre la conveniencia o no de oficializar la presencia de las mujeres en los claustros universitarios.
 Para unos no era necesario hacer ningún  esfuerzo legal para ratificar su presencia, para otros en cambio era importante tener claro su acceso a la graduación en todas las carreras. Con este argumento se aprobó la ley por unanimidad. En Colombia la discusión fue en 1930.

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